Alimentación colorida y equilibrada
Una dieta variada, rica en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales aporta vitaminas, minerales y fibra. Las organizaciones internacionales recomiendan al menos cinco porciones de frutas y verduras al día, limitar el consumo de azúcares libres, elegir grasas no saturadas en lugar de grasas saturadas y reducir la sal a menos de una cucharadita diaria. Leer etiquetas y preferir alimentos frescos ayuda a mantener el sabor sin abusar de la sal.
Respirar para relajarse
Cuando nos sentimos tensos, podemos recurrir a la respiración profunda. Este simple ejercicio activa el sistema nervioso parasimpático, responsable de la respuesta de relajación, ayuda a reducir el estrés y a bajar los niveles de cortisol. Prueba la técnica 4‑7‑8: inhala suavemente durante cuatro segundos, mantén el aire durante siete y exhala en ocho, repitiendo varias veces.
Movimiento que revitaliza
El sedentarismo es un factor creciente en todo el mundo. Organismos internacionales recomiendan al menos 150 minutos de actividad física de moderada intensidad a la semana y destacan que la vida activa se puede incorporar en las rutinas diarias, como caminar o ir en bicicleta. Elige actividades que disfrutes: paseos en la naturaleza, baile, jardinería o yoga.
Aprender a lo largo de la vida
El aprendizaje continuo es una fuente de satisfacción y autonomía. Participar en programas educativos promueve un envejecimiento saludable y activo, aumenta la independencia y enriquece la calidad de vida. Ya sea aprender a tocar un instrumento, dominar una nueva receta o explorar la tecnología, desarrollar habilidades nuevas mantiene el cerebro activo y fortalece el sentido de propósito.